Lloraba, ese hombre lloraba incertidumbre.
Se quebraba su voz, se desarmaban sus palabras,
perdía la noción, perdía el sentido.
Desamarrando los nudos de su garganta,
el hombre recorre la ciudad esparciendo su tristeza.
Encogido de hombros, sin saludar a los vecinos,
el hombre tararea su última canción.
'Los ojos, las ventanas del alma'
Los ojos de este hombre se desvanecían con cada paso,
deliraba deliberando, diluvios caían en la ciudad.
Malditas lechuzas. ¿Dónde dejaron su sonrisa?
Y en sus últimos pasos, el hombre cerró con la línea perfecta:
'Yo viví y morí, ya no hay flores que plantar, mi vida es miserable por no ser astronauta'
Potro desbocado, olas alteradas, plantas mal regadas.
Monólogos sin escuchar, hombres sin ser amados.
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