El búho era tranquilo.
Vivía una vida muy rutinaria. Vivía en los cielos, volando, entrelazado con el aire. Volaba cada puesta de Sol, volaba para observar que su bosque se encontrara en perfecto estado, tal y como lo dejo el día anterior. Él odiaba los cambios. Si algo odiaba más que a los oradores escépticos era eso, los cambios.
El día 27 de marzo, justo antes de partir en su ya rutinario viaje, sintió una presencia observándolo. El búho volteó, pero no vio a nadie. Aleteo de manera brusca para ahuyentar cualquier mequetrefe entrometido que anduviera por los rumbos de El Gran Acre.
- ¿Quién anda husmeando? -Dijo el búho con el fin de espantar al intruso.
- Perdón, no quería espantarlo señor, me encuentro perdida, choqué con el último acre a la izquierda y me siento muy mareada.-respondió la voz a las afueras de la casa del búho.
El búho, sorprendido y al mismo tiempo asustado, se asomó para ver a la intrusa. Para su sorpresa, se trataba de una lechuza. La lechuza más grande y blanca que había visto en toda su larga vida. Se acercó a su espejo, revisó que sus plumas estuvieran en orden y se preparaba a salir.
En el trayecto hacia la puerta el búho recordó algo crucial en lo que iba a ser un encuentro que marcaría su vida por completo, el búho tenía más la mitad de su vida sin hablar con alguien. Temblaba, le temblaban las alas, le temblaban las venas, hasta en sus pensamientos tartamudeaba.
Abrió la puerta, vio a la lechuza recostada en el suelo de madera y exclamó:
- ¿Quién osa interrumpir mi horario dedicado a la lectura?
- Yo señor - respondió aquella lechuza moribunda
- ¿Qué es tan importante como para interrumpirme, lechuza?
- Como le he dicho antes, tuve un accidente con el último acre de la izquierda, no lo recordaba allí, y pues, me estrellé contra él.- dijo la lechuza.
El búho la invitó a pasar y tuvieron una larga conversación en la sala de estar de la casa de el búho. De repente, la lechuza sorprendida, se acercó a la colección literaria de el búho.
- Platón, Sócrates, Aristóteles, Demócrito, Parménides.......-leía la lechuza con un tono de burla.
- ¿Qué tienen de malo mis libros? -preguntó el búho
- ¿Tus libros? Nada. Tú eres el que está mal.-le respondió
- ¿Yo? Te doy hospedaje y cuidados y ¿así me respondes? ¡Insolente!
- Tómelo con calma. ¿Porqué solo lee filosofía? ¿Dónde queda el amor? ¿Las aventuras? ¿El suspenso? Todo eso que hace que mis plumas se exalten de emoción, ¿dónde está?.-preguntó la lechuza
- Con conocer la verdad en esta vida tengo más que suficiente.-dijo el búho
- Es cierto-dijo la lechuza- 'Lo único malo de irse al Cielo es que desde allí no se puede ver'
- ¿Me estás tratando de decir algo?-preguntó el búho.
- ¿De qué te sirve tanta verdad, tantos conocimientos, si no vives?
El búho, sorprendido por la perspicacia de aquella lechuza, alzó el vuelo y se fue de su casa, la lechuza lo siguió gritándole
- ¡Así es, vuela búho! ¡Vive!
El búho se veía temeroso y voló a toda velocidad evitando a la lechuza, esquivando árboles, arbustos y demás. La lechuza había cambiado su mundo por completo, hablamos de un mundo lleno de paz y de tranquilidad. Su mundo se tornó caótico, desesperante, impredecible. El búho estaba fascinado.
Este fue el primer día de la vida del búho. Tan simple como volar con la lechuza, tan simple como vivir.
El búho vivió el amor con la lechuza. Su vida se convirtió en un espejo sin reflejo, uno que pintaría su propio camino de ahora en adelante.
Lo demás es silencio-

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